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6 jul 2014

Mi PLE esencial


Después de las últimas entradas y casi como colofón del excelente curso Habilidades digitales de gestión de proyectos para responsables de equipos docentes, del Centro de Formación de Profesores del Instituto Cervantes, voy a destilar aquí cómo creo que funciona esencialmente mi ecosistema de aprendizaje, y, conscientemente, voy a prescindir de los nombres concretos o marcas de las herramientas tecnológicas de las que en tantos casos me sirvo. Son sólo dos pasos:
  1. Recibo estímulos e información desde muchos sitios y desde muchas personas, consciente o inconscientemente enviados y consciente o inconscientemente recibidos por mi parte: las personas que me rodean o que me rodearon: mis profesores, mis alumnos, mi familia, mis compañeros, mis amigos, directamente o a través de las redes sociales; la formación recibida y la que recibo de modo plenamente consciente y más o menos formal (inscripciones a cursos, MOOC), la que me procuro a través de mis libros o mis vídeos, o mis suscripciones o mis redes profesionales o mis sitios favoritos, la que me viene dada por mi vida laboral (documentos profesionales que necesariamente tengo que manejar para hacer mi trabajo)... Todo sirve, todo fecunda el cerebro.
  2. Con una parte (siempre demasiado pequeña) de esa información, puedo hacer tres cosas, no excluyentes: como una biblioteca organizada, retenerla y clasificarla; como un eco o un altavoz, difundirla y matizarla (distorsionarla), y, demasiado pocas veces, como un nodo en la red, recrearla e incluso enriquecerla con mi propia visión o mi matiz. La información pasa por mi boca, por mis dedos, y escribo o hablo: mi cuaderno, mis charlas, mis cursos, y ya lleva también algo de mí.
Lógicamente, entre el paso 1 y el paso 2 puede haber (bueno, en mi caso de hecho hay) un enorme tiempo de latencia. Puede ocurrir también que un estímulo nuevo fecunde una idea vieja u olvidada, que creía muerta o inútil. Y, por supuesto, puede ocurrir que muchos estímulos se pierdan porque mi cerebro no da para tanto. No obstante, sostengo que de algún modo Internet nos hace dioses, porque nos acerca a la inmanencia y a la ubicuidad y atemporalidad. Pero dioses humildes, conscientes de que nada se crea, todo se recrea. Miren:


25 jun 2014

Mi ecosistema de aprendizaje

Mi ecosistema de aprendizaje 1 (ver en Movenote):

 

Mi ecosistema de aprendizaje y 2 (ver en Movenote)


 

Una reflexión sobre el PLE (y PLN) como instrumento de desarrollo profesional

Qué sería de un profesional sin contactos, sin agenda, sin entrevistas, sin biblioteca, sin cartera, sin despacho, sin teléfono, sin mensajes, sin cuadernos, sin bolígrafos... Sería impensable.
En el mundo actual, aunque no todos lo sepan, todos tenemos tanto una red de aprendizaje como un ecosistema de aprendizaje. Una red e aprendizaje, porque el aprendizaje, como todo en nosotros, es social y no acaba nunca; eso de aprendizaje permanente (livelong learning) es un pleonasmo, que, como todos los pleonasmos, es útil porque subraya

He encontrado unas imágenes en el blog de Steve Wheeler, que me parecen interesantes, porque plantean una subcategorización de ese ecosistema: la red (de contactos) de aprendizaje, el entorno de aprendizaje, las herramientas personales en línea y el entorno de aprendizanje en la nube. Cada una de esas cuatro subcategorías, con sus siglas correspondientes, para calvario de gente como yo: PLN, PLE, PWT( otras veces VLE: Virtual Learning Environment), CLE.

http://steve-wheeler.blogspot.it/2010/07/anatomy-of-ple.html 



http://steve-wheeler.blogspot.it/2010/07/anatomy-of-ple.html
Más agradable me parece esta otra representación visual, de Joyce Seitzinger, donde el PLE o entorno aparece dentro, como una parte, del PLN o red



Pero de quien verdaderamente he aprendido es de David Álvarez, que tiene un sinfín de publicaciones al respecto, todas interesantes, y la mejor definición que he encontrado de lo que es un PLE:
Un PLE es la combinación híbrida de dispositivos, aplicaciones, servicios y redes personales que empleamos para adquirir de forma autónoma nuevas competencias para la resolución de problemas.
Por eso, para hacer referencia a esa combinación híbrida que permite que se generen nuevas aplicaciones a partir de la hibridación de otras, para hacer referencia a esa recursividad, a esa implicación y a ese equilibrio, prefiero la expresión ecosistema de aprendizaje a expresiones como "entorno personal" o "red personal", que no transmiten esa idea de equilibrio entre las partes y que subrayan demasiado la parte personal, por encima de social, cuando el aprendizaje es social, y si ese entorno personal no se nutre de lo social o se seca o se pudre.


 Aprendizajes Emergentes y Pedagogías Invisibles from david alvarez

En su perfil de Youtube, David Álvarez tiene una lista de reproducción muy interesante acerca de la visión que tienen de su propio PLE 8 profesionales


Y en fin, con todo eso, he intentado poner orden en mi propio ecosistema y entenderlo un poco mejor. He visto que, como todo ecosistema, es frágil y tengo que cuidarlo mejor, de un modo más consciente y más perseverante, porque en él también me retrato.

Este es el resultado, que os explicaré después, de viva voz, en la siguiente entrada.

12 jun 2014

Maravilloso mundo sin fronteras

El tema de la identidad en el mundo digital verdaderamente se las trae. Arrastramos esa herencia romántica del culto al individualismo por la cual todavía creemos tener una identidad (más allá de nuestra propia identidad) y unos derechos, como si nuestras ideas fueran nuestras. Sí, claro, pero en fin...

Y ya, dando por supuesto que tenemos que cuidar nuestra identidad al tiempo que preservar nuestro derecho a la privacidad, ¿cómo compaginar la identidad personal con la profesional?, se plantean muchos. Cómo se pueden separar, me pregunto yo, sobre todo en nuestras profesiones.

Vivimos en un mundo líquido,en el que la identidad es algo cambiante y maleable, y también doloroso:
Bauman plantea que en la modernidad líquida las identidades son semejantes a una costra volcánica que se endurece, vuelve a fundirse y cambia constantemente de forma. El autor plantea que éstas parecen estables desde un punto de vista externo, pero que al ser miradas por el propio sujeto aparece la fragilidad y el desgarro constante.
Según sus planteamientos, en la modernidad líquida el único valor heterorreferenciado es la necesidad de hacerse con una identidad flexible y versátil que haga frente a las distintas mutaciones que el sujeto ha de enfrentar a lo largo de su vida.
La identidad se configura como una responsablidad reflexiva que busca la autonomía del resto y la constante autorrealización y que, además, está abocada a la constante inconclusión debido a la falta de un telos en la modernidad tardía.
En este mundo líquido, por tanto, no sólo no se pueden separar las identidades, sino que éstas no son inmutables ni definitivas ni claras ni se pueden aislar claramente de las identidades de los otros. Por eso con la oposición identidad personal/profesional pasa lo mismo que con la de ocio y trabajo. Yo, por ejemplo, no sé si la actividad que estoy realizando ahora mismo es de trabajo o es de ocio, pero ¿por qué tendría que clasificarla en uno u otro lado (manía clasificatoria del mono occidental, que diría Cortázar)? La esfera de lo personal cada vez puede separarse menos de la de lo profesional, y al revés. En mi vida y desde mis identidades, no consigo separar trabajo de ocio, ni enseñar de aprender, que en esta era digital están llamados a fundirse en un único verbo: aprenseñar o ensaprender.

11 jun 2014

Haciendo mis deberes: una reflexión sobre mi PLE

Hace más de un año que estoy llena de borradores y notas de papel y electrónicas con ideas para desarrollar aquí, pero comida por el día a día (que no es disculpa) y devorada por... en fin, devorada, no me reencuentro hasta hoy, más de un año después.
Siempre se necesita un empujón, y el empujón me lo ha dado el curso Habilidades digitales de gestión de proyectos para responsables de equipos docentes, y en concreto su tutor, Carlos Magro. El caso es que una de las tareas consiste en abrir un blog (yo ya lo tenía) y copiar aquí mi reflexión en el foro del curso acerca de mi ecosistema o entorno personal de aprendizaje (por sus siglas en inglés, PLE), a partir de una parrilla de autoevaluación preparada por David Álvarez. Ésta ha sido mi intervención, a la que he añadido algunos detalles:

He tenido unos días complicados y prácticamente vuelvo ahora a nuestro curso. Completé la autoevaluación ayer y ahora intentaré plasmar mis reflexiones, partiendo de mi perfil como persona que usa Internet y en concreto sus herramientas colaborativas todos los días, tanto para tareas puramente personales como, sobre todo, profesionales. Y dentro de este ámbito y como responsable de un equipo docente, como persona que trata de activar esta competencia entre los profesores, tratando (a veces casi por la fuerza) de hacer de estas herramientas el ecosistema comunicativo del equipo. O sea, en lucha diaria con los adjuntos del correo electrónico, en guerra abierta con los ppt mal guardados en lápices de memoria que contienen enlaces que no funcionan cuando se cambia de equipo... O sea, en lucha diaria con la obligación impuesta de ser técnicoinformático, derivada de la cultura de que si algo no se guarda físicamente no se tiene y además me lo pueden quitar.
Por lo tanto, me he situado casi siempre en el punto 4 de la parrilla, con algunas reservas (que señalo luego) y con algunas excepciones:
  • competencia D (Capacidad para filtrar y clasificar la información de la web según los intereses): confieso que jugueteo en exceso y no siempre soy capaz de disciplinarme y usar mis juguetes para tareas prácticas de un modo sistemático.
  • competencia G (Capacidad para crear y gestionar una identidad digital): no estoy segura, o mejor, tengo muchas dudas acerca de si estoy gestionando bien mi identidad. Intento esforzarme más cuando se trata de los perfiles profesionales asociados no a mi persona sino a la institución (por ejemplo éste)
  • competencia A (Capacidad para entender los códigos comunicativos propios de los contextos digitales y usarlos de forma eficiente para comunicarse en la Red): he dudado un poco entre el 3 y el 4, y sigo dudando, porque no estoy segura de entender bien los enunciados; por ejemplo, la primera parte del descriptor del 4, me parece muy grande: "Entiendo cómo el significado se produce a través de los multimedia y cómo se produce la cultura a través de Internet y las Redes Sociales"
Pero mis mayores dudas, que al final se han hecho reservas, son las que afectan a la competencia F: "Capacidad para entender los aspectos legales y éticos relacionados con el uso de las TIC, así como los otros aspectos relacionados con la gestión de la privacidad y la seguridad".
Creo, con permiso de David Álvarez, que aquí se meten demasiadas cosas en el mismo cajón: legal, ético, seguridad, privacidad. Y precedidos del verbo entender, que evidentemente no es sinónimo de aceptar. Además, parecería que legal y ético son la misma cosa, o se implican o están muy cerca, y yo ahí disiento: una cosa es lo legal y otra lo ético; a veces coinciden y a veces (muchas, precisamente, en el mundo digital) no. Así que a veces creo tener en cuenta los principios éticos, pero no sé ni me preocupo mucho de tener en cuenta los legales, pues ni hago negocio ni tengo tanta repercusión, más quisiera yo.
Por otro lado, algo parecido me pasa con los conceptos de privacidad y seguridad. Procuro comportarme bien, pero creo que hay aquí mucho mito. Yo pasé ya hace tiempo ese sarampión. Siempre digo que Terminator encontró a Sarah Connor porque existía la guía telefónica: que localicen tu perfil o dirección electrónica es menos peligroso que no que localicen la puerta de tu casa:
Y encima se pueden equivocar: 
En cualquier caso, con Internet y su viralidad y su reproductibilidad, y su indiferenciación de copia y original ya no hay vuelta atrás. Yo sacrifico un poco de mi privacidad para que en este universo de internet las búsquedas sean relevantes para mí. Todo tiene sus límites, claro, pero es que hay mucha gente que piensa que tiene un espía dedicado a él las 24 horas. Cuesta ser humilde y admitir que nuestra personalidad sólo tiene relevancia incluida como un dato más entre los megadatos de otros como nosotros. Éstas son mis reflexiones, espero no haber sido muy banal.

11 feb 2013

TICS y tics en la enseñanza de ELE

Esta fue mi presentación para el III Encuentro ProfELE de Milán, el pasado sábado 9 de febrero, organizado por la editorial Edinumen, en colaboración con el Instituto Cervantes:

 

17 may 2012

Las redes sociales como entrenamiento emocional para la formación de equipos

Se habla mucho de Facebook y de las redes sociales diciendo que nos aíslan, que potencian el ego, el narcisimo y el autismo, que están incluso modificando nuestro cerebro para mal, que las sinapsis neuronales se resienten, que los resortes de la cognición se dañan, etc. No echéis de menos las referencias y los hiperenlaces, porque estáis como yo cansados de leer esto expresado en mil modos y por mil canales: blogs, prensa seria, prensa científica, prensa rosa y de otros colores, charlas de bar, de pasillo, de aula, de sala de profesores y de sala de espera, sesudas conferencias, atestados y aterradores pobrespoing...


Sin embargo yo voy a romper una lanza por Facebook y las demás (que por supuesto ni necesitan de mi ayuda ni les importa, pues cuentan, como todos sabemos, con gente de peso que canta sus virtudes, dando contra punto por punto a todo lo que dicen sus detractores). Mi lanza es quizás un poco distinta, pues mis argumentos son de poco peso y de hipótesis que no me apetece tampoco contrastar.

Creo sinceramente que los Me gusta de Facebook, los +1 de Google, los favoritos de Twitter, etc. cumplen una función social y educativa de primer orden que es de perentoria necesidad en el mundo de la docencia (y, en concreto, de los equipos docentes): generan lazos, cohesionan grupos, fortalecen interrelaciones, ayudan a la exteriorización de las emociones y a eliminar los falsos pudores que tantas veces dificultan las relaciones sociales. Son enriquecedores, humildificantes y modestizadores, y nada en absoluto narcisitas o egocéntricos. En fin, que antes de dar un título de profesor, convendría hacer un "stage" obligatorio y eliminatorio en una red social: esto sin duda redundaría en beneficio de los equipos docentes del futuro, en su cohesión, capacidad de comunicación e intercambio, trabajo compartido, capacidad de negociación, exteriorización de las emociones, verbalización de las opiniones, refuerzo positivo y capacidad de asumir mejoras, comentarios y aportaciones de los otros, etc.

O sea, que no le veo más que ventajas para las salas de profesores.


10 feb 2012

17 jul 2011

Los cotillas

Lo bueno que tienen las redes sociales es que no admiten mirones. Hacer lo que ha hecho el de la foto es, sobre todo, hacer el ridículo. Me pregunto quiénes serán sus ¡seis! amigos y por qué no le han mandado todavía a algún sitio, a aprender ciudadanía y sociabilidad.
Me viene al pelo para ilustrar el fenómeno del parasitismo en las redes, por fortuna cada vez menos frecuente y pocas veces tan excesivo. Eligió el burka para salir a la plaza pensando, estulto como el avestruz, que así nadie lo vería y él podría verlo todo. Y ahora se encuentra en medio de la plaza, con su ridículo disfraz, y sin poder enterarse de nada. En la sociedad en red sólo recibe el que da, y el que sólo quiere ser espectador se queda solo y atrás.

5 jul 2011

La Historia de la Humanidad hasta hoy

Durante tres días de esta semana he compartido con algunos de mis compañeros de trabajo un taller que hemos titulado HERRAMIENTAS DE INTERNET y que yo subtitulé Desde el despacho de al lado, intentando destacar la horizontalidad y la preponderancia, como metáfora, de las redes sobre los árboles. El objetivo que me marcaron y que originó mi compromiso era sobre todo presentar y juguetear con las herramientas gratuitas que Internet pone a nuestra disposición para mejorar nuestro rendimiento personal y laboral, haciendo nuestra vida más fácil. Yo no soy ninguna experta, ni mucho menos; yo simplemente he jugueteado mucho (o trasteado, como dicen ahora), porque intuía que me podía aportar muchas cosas y allanar muchos caminos.

Pero con las múltiples e inevitables presentaciones y jugueteos se corre el riesgo de montar una especie de álbum o de itinerario de diferentes servicios (que sin duda serán otros pasado mañana) sin que se perciba y ni siquiera se intuya lo realmente importante, es decir: la tremenda dimensión del cambio de paradigma que nos ha tocado vivir. Así que decidí que lo primero que tenía que hacer era enmarcar, hacer explícitas todas las implicaciones, situar esta revolución del conocimiento humano en relación a las otras que ha habido. De modo que era inevitable subirse al púlpito y soltar un sermón, y es lo que hice (reconozco que echar sermones no me cuesta mucho trabajo, porque me viene de familia).

Además, hace mucho tiempo que me pregunto dónde están mis amigos y colegas en Internet.  Le he dedicado mucha reflexión a este asunto, porque me preocupa mucho. Yo misma soy una especie de conversa de las redes sociales; acepté una invitación a Facebook hará tres años y, a pesar de mi pasión por Internet, me borré casi inmediatamente, un poco asustada y sin entender nada. Ahora tengo más "amigos" en Facebook de la edad de mis sobrinos que de la mía, y son poquísimos los que son de mi generación o la de mis hermanos. Mis amigos de toda la vida, mis colegas de casi media vida, la mayoría de ellos pertenecientes al mundo de la docencia, tienen mil prevenciones contra Internet, y no están por ningún lado. A mí me parece terrible que se aparten de la realidad de sus alumnos y que desprecien sin conocerla un arma que está determinando ya y cambiando irremisiblemente el mundo de la educación tal y como lo hemos conocido hasta ahora. Tengo una teoría de por qué rechazan Internet y sobre todo de por qué rechazan  Facebook o cualquier red social tan virulentamente.

Así que para intentar explicar todo esto, seré breve y hablaré de la Historia de la Humanidad hasta hoy.

La historia de la humanidad hasta el día de hoy ha consistido en perseguir dos de los atributos de la divinidad: la ubicuidad y la eternidad, para romper las barreras que nos imponen el tiempo y el espacio. El ser humano persigue romper la linealidad del tiempo que le lleva del pasado hacia el futuro, y hacerla círculos como quien la hace añicos, recuperando el pasado y haciendo presente el futuro. Y pretende también superar las del espacio y poder llegar más lejos del propio cuerpo y poder estar en muchos sitios a la vez.

En la Prehistoria, el desarrollo del lenguaje fue clave en la hegemonía del sapiens-sapiens. Con el lenguaje, el sapiens tocaba más allá de sus manos, incidía en el exterior más allá de sus manos. Gracias al lenguaje. Un lenguaje no instintivo, un lenguaje que implica socialización, porque es un instrumento que sólo se aprende a usar si lo aprendes de otros (las redes sociales nos hicieron humanos). Un lenguaje hablado que muy pronto se tradujo a símbolos, destinados a otros individuos que no comparten forzosamente ni el mismo tiempo ni el mismo espacio, lo cual anula una de las características fundamentales de la lengua natural: la transitoriedad. Los símbolos garantizan la permanencia en el tiempo, pero también anulan la linealidad del modo de comunicación audiovocal, donde lógicamente para ser comprensible se empieza por el primer elemento (sonido, sílaba, palabra, frase...) de la cadena y se acaba por el último.

La Historia más tarde comenzó con la invención de la escritura (una invención que ocurrió más o menos en muchos lugares distintos a la vez, porque era inevitable). La escritura viene a ser una representación sistemática de la lengua hablada, y por lo tanto, una fijación; con la escritura, la lengua supera los límites espaciotemporales y se hace reproducible en su propia transitoriedad. Al mismo tiempo esa fijación y esa reproductibilidad fijan, consolidan, fortalecen el orden social y económico a través de los contratos, tratados, registros... Poseer o controlar los secretos de la escritura garantizaba poder y hegemonía (recuérdese cómo se maldice a los escribas en el Nuevo Testamento: eran los que escribían y los que interpretaban las leyes). Para quienes no estaban en el secreto, la escritura era casi algo mágico y arcano: pensemos que las religiones hegemónicas fueron las religiones del Libro. Recordemos después a la Iglesia y sus manuscritos miniados, su laborioso proceso de edición que garantizaba una difusión mínima y controlada.

Pero en 1450 Gutemberg, con una vieja prensa de vino tuneada, fabrica la Edad Moderna, a la que sólo ahora estamos despidiendo. La invención de la imprenta acarreó un nuevo mundo: la reproductibilidad propia de la escritura se multiplicaba y aceleraba de un modo inimaginable, y por lo tanto el acceso a los libros se extendía tanto como se abarataba, y sobre todo, dejaba de estar controlado. La copia ahora era exacta, la lectura se democratizaba, y la escritura se desacralizaba, se convertía en negocio, en objeto de comercio, se exploraban nuevos públicos, nuevos temas: un progreso inimaginable, una revolución que ha durado hasta hace un momento, llevando al límite la condición de reproductibilidad y por lo tanto llevando los productos culturales a las masas: la fotografía reproduciendo imágenes, momentos; el cine reproduciendo movimiento, secuencias; el fonógrafo reproduciendo secuencias de sonidos exactas a sí mismas (música, texto), el teléfono, transportando el lenguaje por el espacio por encima de los requisitos temporales naturales; la máquina de escribir, el ordenador, llevando la imprenta a casa; la fotocopiadora, la impresora, reproduciendo el libro, el texto; Internet como una enorme biblioteca en casa, infinita, inabarcable.

En definitiva, todo en la Historia de la Humanidad ha sido intentar rebasar límites especiales y temporales que nos imponía como especie el mundo físico; para ello surgió la comunicación escrita, donde inicialmente lo más simple y eficaz (debido a las características y limitaciones medio físico en el cual se daba esta comunicación escrita)  fue especializar las funciones de emisor y receptor, y transformarlos en autor y lector (o consumidor, o usuario).

La primera Internet reproduce el mundo del libro y las bibliotecas, sin sus limitaciones espaciales y de difusión; el papel de autor y receptor no son intercambiables todavía, al contrario de lo que ocurre con la comunicación a través de la lengua hablada. Pero con la Internet de ahora mismo esto ya no es así. La Internet de ahora (web2.0 o red social, que es lo mismo) es una gran conversación, en la que los contenidos se generan de los chispazos al conectarse para construir, compartir y colaborar.

En esta época que Internet nos hace vivir, algunos de los límites tradicionales que nos dan seguridad en el mundo físico son ahora mucho menos seguros: en el tiempo, el ahora y el antes (gracias a Internet, ya no hay canción del verano; gracias a Internet todo lo que me perdí por mi edad o por mi ubicación me es ahora accesible); en el espacio, el aquí y el allí; en los productos, el original y la copia; en las funciones, el emisor y el receptor, el autor y el público; en la educación, el enseñar y aprender, el profesor y  el alumno; en la vida y sus actividades, el ocio y el trabajo; en los ámbitos, el público y el privado; en las relaciones personales, la vida personal y la vida laboral...

Esta novedad, como casi todas las que han hecho crecer a la humanidad (leí una vez que Sócrates prevenía contra la escritura, cuya expansión debilitaría según él la capacidad memorística de los jóvenes griegos) genera un rechazo que nace del miedo o del desprecio o de la ignorancia o de las tres cosas. Todos los días, de un modo o de otro, oímos los mismos tópicos: ¡Infantiles! ¡Exhibicionistas! ¡Ególatras! ¡Pretenciosos! ¡Soberbios! ¡Frívolos! ¡Inconscientes! ¡Ociosos! ¡Plagiadores! ¡Vulgares, adocenados! ¡Superficiales!

Y no. Se trata simplemente otra mentalidad. La gente de mi generación se hizo mayor en la idea de que ser trascendente era una obligación; fuimos a la escuela en los últimos tiempos de Franco, hacíamos examen de conciencia, confesábamos los pecados y cumplíamos la penitencia. Somos la generación de la Transición: estábamos a las puertas de la adolescencia o en plena adolescencia cuando murió Franco, y teníamos hermanos mayores. Vivimos esos años de efervescencia, donde todo tenía que tener mensaje, donde uno tenía que definirse, donde había que decidir dónde se militaba y si se militaba, donde votábamos si votábamos o si votábamos luego si votábamos, octavillas, pegatinas, fiestas del PCE, asambleas, sentadas, cines de arte y ensayo, versiones subtituladas, los grises, los fachas... Donde los no concienciados, los frívolos, los superficiales eran inmediatamente marginados por su pobreza intelectual. Era obligatorio ser trascendente: si el arte no llevaba un mensaje evidente y explícito era rechazado, despreciado, como producto menor, para gente sin inquietudes. Es verdad que tanto mensaje y tanto compromiso acabó hartando, y que bien pronto surgió la Movida. Pero la Movida tardó en ser admitida: sólo lo fue cuando en su irreverencia se descubrió también mensaje y un tipo de compromiso.

Para mi generación, obsesionada por esa trascendencia, sólo merece la pena abrir la boca para pasar a la Historia. Y a mí eso sí que me parece pretencioso, eso sí que es soberbia de verdad: pretender la posesión de las ideas. Es una nueva mentalidad. Hay que reivindicar el eco y el matiz, la humildad: no moverse o moverse sólo para el reconocimiento la originalidad, el descubrimiento, la patente o la paternidad individual es pecado de lesa humildad, de lesa modestia. Pretender pasar a la Historia o, si no, no contribuir, es un comportamiento moralmente dudoso que nace del individualismo romántico, de la galaxia Gutemberg en la que sólo un individuo (el que en un momento se transforma en emisor de un texto escrito) se considera generador y propietario de la idea, por mucho que venga de lejos. Esa mentalidad ordena la sociedad con estructura de árbol, en gurpos jerárquicos según su relación con la autor/idad socialmente reconocida de la Idea; así se ordena el mundo laboral y el educativo. El poder y el conocimiento son unidireccionales, y sólo la posición en la jerarquía determina el grado de autonomía.  Su paradigma es la cultura escrita, lineal, delimitada, autoral.

Pero en la galaxia Berners-Lee que estamos inaugurando el individuo en conexión supera sus limitaciones, porque son las redes de individuos las generadoras de la Idea, los grupos reticulares, cambiantes, horizontales, multidireccionales, autónomos. Su paradigma es la cultura oral, caótica, no delimitada, no lineal, co-autoral: el hipertexto. El Arcipreste de Hita, se me ocurre, hubiera sido feliz aquí.

Entonces, si eternidad y ubicuidad son cualidades divinas, Internet nos hace dioses.

2 jun 2011

Colegas y TICs y tics


Cuando se va teniendo una edad la gente suele refugiarse en que se va teniendo una edad para escaquearse de las novedades, que dan mucha pereza. "¡Uf, de dónde sacas tiempo para eso!", o mejor: "¡Yo no sé cómo te da tiempo para eso!", o mejor todavía: "¡Yo es que no tengo tiempo para esas cosas!" te dicen. Y hay que callarse. Callarse y pasar por alto ese punto de reproche, de acusación de perder el tiempo o de robárselo al trabajo de verdad. 
Y eso es lo que pasa con los cursos a distancia, que uno no puede escaquearse. ¡Ay, esos benditos talleres que empiezan con una lluvia de ideas y prosiguen con la formación de grupos de tres para terminar horas después con un "lo siento, el tiempo se nos ha echado encima, ya no puedo..., ha sido todo tan interesante y habéis participado tanto... Bueno, aquí os dejo mi dirección electrónica para los que queráis me pidáis el pouerpoin y yo os lo envío. Muchas gracias".
¡Qué comodidad! Son lo mejor para cuando la carga de ego y de soberbia hace que empiece a costar subir las escaleras. Y esa pereza no tiene edad.

27 ene 2011

El pensamiento Office

Hace tiempo que quería escribir un apunte (otra cosa no, imposible, desde este estado de beta permanente) sobre cómo Microsoft ha conformado nuestras mentes, sobre todo en nuestro sector, el de la enseñanza. Hablaba a algunos colegas de la necesidad que sentía de construir un espacio para algo como una Guía del Profesor y descubrí que si no me entendían era porque lo concebían como un documento imprimible, que empezaba por la primera línea y como es lógico terminaba en la última. Hoy el título de estas líneas de Juan Quintana, Cómo salir de la era PC - Redes Sociales Educativas, me ha arrastrado por fin hasta mi cuaderno.

El invento más grande y definitivo de mis años de estudiante y posteriores fue la fotocopiadora, que nos ahorraba mucho tiempo cuando íbamos a las bibliotecas o faltábamos a clase; hice la tesis con fichas, fotocopias y visitas a la Biblioteca Nacional desde Marruecos (porque afortunadamente en aquel entonces mi trabajo allá me pagaba sobre todo con tiempo, y me dejaba muchas horas y temporadas libres para dedicarlas a curiosear en lo que me gustaba: la literatura barroca). La fotocopia reproducía material, impreso o manuscrito, lineal, bien demarcado, finito, abarcable, cuantificable y medible; la fotocopia reproducía y por lo tanto democratizaba aún más la galaxia Gutemberg, que finalmente lo que había hecho a su vez no era más que divulgar y democratizar los manuscritos también finitos, delimitados, lineales y cuantificables, propios de la literatura culta y escrita; la oralidad, caótica, difusa, circular y multidireccional quedaba fuera de ese mundo, quedaba fuera del libro (manuscrito o impreso), quedaba en sus alrededores, quedaba en las aulas, en las tertulias, en las posadas, en las plazas y en las almohadas.

Internet ha hecho texto el caos oral. Por eso Internet -y no el ordenador- me parece una revolución mucho más trascendente que la de Gutemberg, que sin embargo dio lugar hace medio milenio ni más ni menos que al mundo moderno que hasta hoy no hemos empezado a despedir. Estamos viviendo sólo los comienzos de una nueva era, la de la Gran Conversación, la galaxia Berners-Lee, un Big Bang conversacional de la que la galaxia Marconi sólo fue un tímido preludio, nada revolucionario en sí mismo según esta idea.

Venimos todos aún del mundo de Gutemberg, a pesar de la tele y del teléfono; venimos de la cultura del texto delimitado y finito, encumbrado en la tarima, sacralizado en la prosternación reverencial de la nota a pie de página. Y la rapidez, la capacidad, la comunicabilidad que le proporciona a ese mundo el ordenador (acabé mi tesis en el 89 ¡a máquina!) nos ha impactado tanto que no nos ha dejado ver la verdadera revolución que ha propiciado la maquinita: Internet.

El ordenador, que abre la puerta de Internet, exhibe su memoria y su velocidad y nos dificulta traspasar ese umbral. Aunque tengamos delante el nuevo mundo que Internet nos propone, nuestra inercia nos lleva a utilizar el ordenador e incluso las redes de ordenadores para replicar nuestro mundo conocido y amigable de material impreso: el del mundo imprimible, encuadernable, y por lo tanto, lineal y finito, autoral. El mundo Office. El del copyright.

Pero hay vida más allá de Office, aunque nuestra inercia gutemberg nos dificulte hacerlo concebible. Es el mundo de la oralidad, de la co-lectividad, el mundo inabarcable, multidireccional, inacabado de la comunicación y del conocimiento; el mundo que abarca el libro y sus alrededores, el mundo que lo deshace en palabras, en ideas, en conexiones, en paradigmas. El mundo del Libro del Buen Amor, el mundo del libro centrífugo y centrípeto de Cervantes, el mundo del libro vertiginoso de Borges que es tanto el que está permanentemente por escribir como el que componen las letras del abecedario, que los ha escrito todos, como el que guarda y al mismo tiempo compone la biblioteca infinita.

En definitiva, que para comunicarme con mis colegas y construir por ejemplo una Guía del Profesor o una Guía del Alumno necesito salir de mi celda. Necesito espacios y tiempo, y redes y nodos, y no un archivo imprimible.