31 ene. 2011

Filósofos y poetas en Babia, ignotos o ignorantes

A Fernando Savater nunca lo había visto torpear tanto, la verdad, como el otro día en El País: Los colegas de 'Mad Max'. Por una vez puedo decir que no entiende nada. Es verdad que sus argumentos visten un poco más que los de Bardem, pero resultan igualmente superficiales, básicos, infantiles. Babelia sacó este sábado un suplemento sobre Internet, en el que figuraba un interesante artículo de Juan Freire: Las paradojas de Internet,  que acaba así:
La Internet de masas es más de lo mismo; un espacio interesante para el entretenimiento y la publicidad. La verdadera transformación social es más callada. La cultura digital se asienta sobre nuevos valores o sobre la revitalización de otros como lo abierto, la producción, la copia, la remezcla, la reputación o la meritocracia. Y aquí emerge la segunda paradoja de Internet, la que deriva de las dificultades para entender este nuevo escenario con los criterios convencionales. Surgen nuevos referentes, muchas veces fuera de la academia y de los medios. Las historias y los discursos son cada vez más transmediáticos y fragmentarios, y en ellos las obras derivadas juegan papeles tan importantes como los de lo que antes denominábamos originales. Y buena parte de esta producción exuberante es efímera, destinada a una vida corta.
Convivir con estas paradojas puede provocar traumas. Así, ¿dónde quedan los grandes referentes culturales e intelectuales? Inevitablemente sufren, a veces de forma dolorosa para sus propios egos, una devaluación por la abundancia que provoca la competencia con amateurs, por su dependencia de los medios que cargan con sus propias crisis, e incluso por su falta de competencias digitales, de destrezas para moverse y comunicarse en el entorno digital.
Pero también aparecía el poema que copio abajo.  No sé, debo de haber perdido -contaminada por las malas compañías de la Red- todo mi paladar poético, que creía tan cultivado. Vean este sermón de la montaña, tan pedestre como estos versos: "Tienen pocos amigos. / No exponen sus instantes. / No desgastan las cosas / ni el lenguaje. Network / para ellos es malla / que detiene la plata de los peces."




sábado 29 de enero de 2011

Benditos los ignotos

"Heil den unbekannten"
J. W. Goethe, Das Göttliche

Benditos los ignotos,
los que no tienen página
en internet, perfil
que los retrate en facebook,
ni artículo que hable
de ellos en wikipedia.
Los que no tienen blog.
Ni siquiera correo
electrónico, todo
les llega si les llega,
con un ritmo más lento.
Tienen pocos amigos.
No exponen sus instantes.
No desgastan las cosas
ni el lenguaje. Network
para ellos es malla
que detiene la plata de los peces.
Benditos los que viven
como cuando nacieron
y pasan las mañanas oyendo el olmo
que creció junto al río
sin que nadie
lo plantara.
Benditos los ignotos
los que tienen
intimidad.

Juan Antonio González Iglesias

27 ene. 2011

El pensamiento Office

Hace tiempo que quería escribir un apunte (otra cosa no, imposible, desde este estado de beta permanente) sobre cómo Microsoft ha conformado nuestras mentes, sobre todo en nuestro sector, el de la enseñanza. Hablaba a algunos colegas de la necesidad que sentía de construir un espacio para algo como una Guía del Profesor y descubrí que si no me entendían era porque lo concebían como un documento imprimible, que empezaba por la primera línea y como es lógico terminaba en la última. Hoy el título de estas líneas de Juan Quintana, Cómo salir de la era PC - Redes Sociales Educativas, me ha arrastrado por fin hasta mi cuaderno.

El invento más grande y definitivo de mis años de estudiante y posteriores fue la fotocopiadora, que nos ahorraba mucho tiempo cuando íbamos a las bibliotecas o faltábamos a clase; hice la tesis con fichas, fotocopias y visitas a la Biblioteca Nacional desde Marruecos (porque afortunadamente en aquel entonces mi trabajo allá me pagaba sobre todo con tiempo, y me dejaba muchas horas y temporadas libres para dedicarlas a curiosear en lo que me gustaba: la literatura barroca). La fotocopia reproducía material, impreso o manuscrito, lineal, bien demarcado, finito, abarcable, cuantificable y medible; la fotocopia reproducía y por lo tanto democratizaba aún más la galaxia Gutemberg, que finalmente lo que había hecho a su vez no era más que divulgar y democratizar los manuscritos también finitos, delimitados, lineales y cuantificables, propios de la literatura culta y escrita; la oralidad, caótica, difusa, circular y multidireccional quedaba fuera de ese mundo, quedaba fuera del libro (manuscrito o impreso), quedaba en sus alrededores, quedaba en las aulas, en las tertulias, en las posadas, en las plazas y en las almohadas.

Internet ha hecho texto el caos oral. Por eso Internet -y no el ordenador- me parece una revolución mucho más trascendente que la de Gutemberg, que sin embargo dio lugar hace medio milenio ni más ni menos que al mundo moderno que hasta hoy no hemos empezado a despedir. Estamos viviendo sólo los comienzos de una nueva era, la de la Gran Conversación, la galaxia Berners-Lee, un Big Bang conversacional de la que la galaxia Marconi sólo fue un tímido preludio, nada revolucionario en sí mismo según esta idea.

Venimos todos aún del mundo de Gutemberg, a pesar de la tele y del teléfono; venimos de la cultura del texto delimitado y finito, encumbrado en la tarima, sacralizado en la prosternación reverencial de la nota a pie de página. Y la rapidez, la capacidad, la comunicabilidad que le proporciona a ese mundo el ordenador (acabé mi tesis en el 89 ¡a máquina!) nos ha impactado tanto que no nos ha dejado ver la verdadera revolución que ha propiciado la maquinita: Internet.

El ordenador, que abre la puerta de Internet, exhibe su memoria y su velocidad y nos dificulta traspasar ese umbral. Aunque tengamos delante el nuevo mundo que Internet nos propone, nuestra inercia nos lleva a utilizar el ordenador e incluso las redes de ordenadores para replicar nuestro mundo conocido y amigable de material impreso: el del mundo imprimible, encuadernable, y por lo tanto, lineal y finito, autoral. El mundo Office. El del copyright.

Pero hay vida más allá de Office, aunque nuestra inercia gutemberg nos dificulte hacerlo concebible. Es el mundo de la oralidad, de la co-lectividad, el mundo inabarcable, multidireccional, inacabado de la comunicación y del conocimiento; el mundo que abarca el libro y sus alrededores, el mundo que lo deshace en palabras, en ideas, en conexiones, en paradigmas. El mundo del Libro del Buen Amor, el mundo del libro centrífugo y centrípeto de Cervantes, el mundo del libro vertiginoso de Borges que es tanto el que está permanentemente por escribir como el que componen las letras del abecedario, que los ha escrito todos, como el que guarda y al mismo tiempo compone la biblioteca infinita.

En definitiva, que para comunicarme con mis colegas y construir por ejemplo una Guía del Profesor o una Guía del Alumno necesito salir de mi celda. Necesito espacios y tiempo, y redes y nodos, y no un archivo imprimible.