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6 jul 2014

¿Soy competente en la gestión de la información?



En una época como ésta, donde la información es ubicua y accesible, es urgente aprender a gestionarla.

Como madre, es lo que le pido a la escuela, aunque la escuela insiste en ignorar que todos los chavales van con un  pozo de san Agustín en el bolsillo, y les sigue preguntando poco menos que la lista de los reyes godos, con los alumnos puestos en fila india, como en la escuela de mi infancia en blanco y negro (según mi hija: -Mami, cuando tú eras pequeña, ¿era todo en blanco y negro?).


Y como ciudadana de este mundo digital, contenta de haber tenido la suerte de que me tocara vivir en él, me planteo de forma recurrente la pregunta acerca de si soy competente, y cuánto, no sólo accediendo a información de calidad, sino, sobre todo, gestionándola.

Una de mis fortalezas es la curiosidad, que me lleva a acceder a mucha información y (creo, porque tengo espíritu crítico) de calidad; pero reconozco que en cuanto a organización tengo todavía que mejorar mucho. Utilizo herramientas tecnológicas para navegar y dominar ese mar de información (marcadores, revistas, tableros, paneles), pero a veces las mismas herramientas que me deberían ayudar, se me multiplican o las desatiendo, y a veces redescubro con sorpresa elementos que había almacenado, clasificado y olvidado. Y en esos momentos me queda claro que no lo estoy haciendo bien del todo.

Porque la información no vale si sólo se almacena, y muchas veces nuestro innato sentido de la propiedad nos ciega frente a las posibilidades de lo que almacenamos: lo descargo, lo tengo, lo clasifico, lo almaceno, es mío, y ya. Me olvido.

La información sólo vale si aporta cambios en mí, en mi contexto inmediato, en mi entorno; sólo vale si añade significado, si trasciende. En el fondo, de eso se trata: de restituir, de agradecer, y no atesorar avaramente lo que el mar se tragará.





17 feb 2013

Siempre lo mismo...



    ¡Infantiles! ¡Exhibicionistas! ¡Ególatras! ¡Pretenciosos! ¡Soberbios! ¡Frívolos! ¡Inconscientes! ¡Ociosos! ¡Plagiadores! ¡Vulgares! ¡Adocenados!

30 may 2011

Este niño no me subjuntiva

Conste que a mí, como madre y sobre todo como trabajadora del español, me parece bien que existan esos cocos, esos sacamantecas, esos ogros, esos hombres del saco de la Gramática. Así me siento más necesaria y así garantizo también el pan de mis hijos.
No obstante, cuando periódicamente me encuentro con frases como la que da título a esta entrada, me dan ganas de llorar, aunque al poco se me pasan. No sé si lo que se necesita es deformación en lugar de formación o si lo que se tiene es deformación en lugar de formación.
Quizás esto futuramente sea también pan de mis hijos, ya que lo es casi de cada día.


Información básica


Nombre:
Anti subjuntivo
Categoría:
Arte y entretenimiento - Famosos
Descripción:
Te apetece mucho espanol?Y tambien crees que subjuntivo lo hace menos atractivo?Eso es el grupo mas ideal para ti.Se agrega y grita:Para el sufrimiento inutil y deja subjuntivo!!
Privacidad:
Abierto: todo el contenido es público.

27 ene 2011

El pensamiento Office

Hace tiempo que quería escribir un apunte (otra cosa no, imposible, desde este estado de beta permanente) sobre cómo Microsoft ha conformado nuestras mentes, sobre todo en nuestro sector, el de la enseñanza. Hablaba a algunos colegas de la necesidad que sentía de construir un espacio para algo como una Guía del Profesor y descubrí que si no me entendían era porque lo concebían como un documento imprimible, que empezaba por la primera línea y como es lógico terminaba en la última. Hoy el título de estas líneas de Juan Quintana, Cómo salir de la era PC - Redes Sociales Educativas, me ha arrastrado por fin hasta mi cuaderno.

El invento más grande y definitivo de mis años de estudiante y posteriores fue la fotocopiadora, que nos ahorraba mucho tiempo cuando íbamos a las bibliotecas o faltábamos a clase; hice la tesis con fichas, fotocopias y visitas a la Biblioteca Nacional desde Marruecos (porque afortunadamente en aquel entonces mi trabajo allá me pagaba sobre todo con tiempo, y me dejaba muchas horas y temporadas libres para dedicarlas a curiosear en lo que me gustaba: la literatura barroca). La fotocopia reproducía material, impreso o manuscrito, lineal, bien demarcado, finito, abarcable, cuantificable y medible; la fotocopia reproducía y por lo tanto democratizaba aún más la galaxia Gutemberg, que finalmente lo que había hecho a su vez no era más que divulgar y democratizar los manuscritos también finitos, delimitados, lineales y cuantificables, propios de la literatura culta y escrita; la oralidad, caótica, difusa, circular y multidireccional quedaba fuera de ese mundo, quedaba fuera del libro (manuscrito o impreso), quedaba en sus alrededores, quedaba en las aulas, en las tertulias, en las posadas, en las plazas y en las almohadas.

Internet ha hecho texto el caos oral. Por eso Internet -y no el ordenador- me parece una revolución mucho más trascendente que la de Gutemberg, que sin embargo dio lugar hace medio milenio ni más ni menos que al mundo moderno que hasta hoy no hemos empezado a despedir. Estamos viviendo sólo los comienzos de una nueva era, la de la Gran Conversación, la galaxia Berners-Lee, un Big Bang conversacional de la que la galaxia Marconi sólo fue un tímido preludio, nada revolucionario en sí mismo según esta idea.

Venimos todos aún del mundo de Gutemberg, a pesar de la tele y del teléfono; venimos de la cultura del texto delimitado y finito, encumbrado en la tarima, sacralizado en la prosternación reverencial de la nota a pie de página. Y la rapidez, la capacidad, la comunicabilidad que le proporciona a ese mundo el ordenador (acabé mi tesis en el 89 ¡a máquina!) nos ha impactado tanto que no nos ha dejado ver la verdadera revolución que ha propiciado la maquinita: Internet.

El ordenador, que abre la puerta de Internet, exhibe su memoria y su velocidad y nos dificulta traspasar ese umbral. Aunque tengamos delante el nuevo mundo que Internet nos propone, nuestra inercia nos lleva a utilizar el ordenador e incluso las redes de ordenadores para replicar nuestro mundo conocido y amigable de material impreso: el del mundo imprimible, encuadernable, y por lo tanto, lineal y finito, autoral. El mundo Office. El del copyright.

Pero hay vida más allá de Office, aunque nuestra inercia gutemberg nos dificulte hacerlo concebible. Es el mundo de la oralidad, de la co-lectividad, el mundo inabarcable, multidireccional, inacabado de la comunicación y del conocimiento; el mundo que abarca el libro y sus alrededores, el mundo que lo deshace en palabras, en ideas, en conexiones, en paradigmas. El mundo del Libro del Buen Amor, el mundo del libro centrífugo y centrípeto de Cervantes, el mundo del libro vertiginoso de Borges que es tanto el que está permanentemente por escribir como el que componen las letras del abecedario, que los ha escrito todos, como el que guarda y al mismo tiempo compone la biblioteca infinita.

En definitiva, que para comunicarme con mis colegas y construir por ejemplo una Guía del Profesor o una Guía del Alumno necesito salir de mi celda. Necesito espacios y tiempo, y redes y nodos, y no un archivo imprimible.


15 dic 2010

el librillo

El librillo se editó en Aquel Entonces, en la Edad de Oro. El librillo es esencial, es resolutivo, es infalible. El librillo no se modifica, porque básicamente es inmanente y necesario, simplemente porque es útil. El librillo es intransferible, y sólo se conecta con otros librillos, igual de inmanentes e intransferibles, y de la misma época. El librillo es eterno y su voluntad es la permanencia, siempre igual a sí mismo. El librillo es impermeable, pues sólo otro librillo lo podría transformar; pero otro librillo es imposible, pues sería otro y no el librillo. El librillo está programado para despreciar con desdén y total ignorancia cualquier matiz, cualquier cambio, siempre percibido como amenaza.

13 dic 2010

Una metáfora

Hoy mis compas, para demostrarme que las cosas funcionan a pesar de todo, me han puesto una metáfora muy significativa: en cierto modo soy como el que va a una casa extraña y tira de la cadena y no le funciona, porque la cadena tiene un truquillo que todos los de la casa conocen. De modo que en lugar de tratar de cambiar la cadena, lo que debo es aprender a tirar.
Como las buenas metáforas, es profundamente verdad pero tiene muchas lecturas: ¿cuál harías tú en mi lugar?