30 mar. 2016

Guía de lectura del Casamiento engañoso y Coloquio de los perros

Ésta es la Guía de Lectura que propondré para el club de la Biblioteca Octavio Paz del Instituto Cervantes de París

Aunque Cervantes no hubiera escrito otra cosa que El casamiento engañoso y Coloquio de los perros, seguiría ocupando, sin embargo, sólo por ella, un lugar preeminente en la historia de la narrativa universal, como como el que se les reconoce a obras solas tan ineludibles como la Celestina o el Lazarillo.
Créanme que una afirmación así de rotunda acerca de una obra tan injusta como frecuentemente calificada como menor, de un autor cuya humanidad, empatía y aparente sencillez juegan en contra de su reputación literaria (como si ser un gran escritor llevara aparejados el escándalo, la estridencia, la vanidad y la egolatría) es la mejor Guía de lectura que se me ocurre proponerles. 
Quizás sea de ayuda fijarse en algunos aspectos, de todos los que propone esta obra maestra:
  • En el manejo de la perspectiva está el secreto de la modernidad en el arte:
    • El narrador narrado: narrador y personaje; el narrador como personaje; 
    • La multiplicidad de narradores poco fiables y la verdad de la historia.  
  • En el diálogo que en su obra Cervantes establece
    • con la Literatura: la reflexión metaliteraria. La relación de la literatura con la historia, con la verdad, con la verosimilitud, con la credulidad, con lo extraordinario. El pacto narrativo: los límites de la tolerancia a la mentira en el seno de la obra literaria. El lugar de la literatura entre verdad, mentira y sueño, entre realidad, ficción y sueño. El papel del narrador y el del lector respecto de la verdad de lo narrado, el no a la omnisciencia, ni siquiera autobiográfica, la libertad del lector y su papel narrativo
    • con la Historia de la literatura: la sátira clásica, la literatura de transmigraciones y metamorfosis, los ejemplos medievales, los diálogos filosóficos y humanistas, los géneros narrativos de su época: la novela pastoril, la cortesana, la picaresca…)
    • con los temas y tópicos literarios de la Tradición: armas y letras, soldado fanfarrón, figuras satíricas (arbitrista, poeta, morisco, jaifero, autor de comedias, etc.), incluso los nombres propios (Estefanía, Berganza, Cipíón, Peralta, Campuzano
  • En las duplicidades y los juegos de espejos: 
    • dos novelas que son una y que son tantas como personajes capaces de contar su historia a otros que pueden completarla, mejorarla, discutirla y respectivamente contar la suya
    • los protagonistas aparecen siempre en parejas cambiantes: el alférez Campuzano y el Licenciado Peralta; el alférez Campuzano y Estefanía de Caicedo, Cipión y Berganza, el alférez y Berganza y el licenciado y Cipión
    • el narrador y su oyente; el narrador y el lector; el lector-narrador 
  • En sus poderosas metáforas: la vida, como la palabra, entendida como un don milagroso e inexplicable que hay que aprovechar en lo que dure. La vida (la palabra, la historia) como sueño
  • En su humor: el burlador burlado, la metafísica perruna, la teología perseguida por la Inquisición,
  • En la crítica: la hipocresía como cemento social, la compasión y la debilidad humana. La deshumanización de los humanos, la humanización de los perros, deshumanizándose y humanizándose en el Hospital de la Resurrección
  • Y, por supuesto, en el tema cervantino por excelencia: la libertad.

16 mar. 2015

"Vamos", dijo el Alférez

[Este texto tiene algunos años, pero me apetecía colgarlo aquí hoy]

Este verano he estado de vacaciones en una biblioteca. O, mejor dicho, en unos libros. He procurado huir lo más lejos posible.

Me he ido lejos a buscar la variedad necesaria para el alimento del espíritu. Y me he acercado a ella en los libros viejos, escritos por quienes, como yo, se aburrían pronto de todo y, sin embargo, sentían también una curiosidad obsesiva e indiscriminada; por aquellos que despreciaban quizás un poco fatuamente las novelas, esas "patrañas o consejas propias de brasero en tiempo de frío, que en suma vienen a ser unas bien compuestas fábulas, unas artificiosas mentiras"; ellos que confesaban que "todos cuantos escriben en todo género de facultades son cornejas vestidas de ajenas plumas", aquellos que ya entonces sentían el moderno hastío bibliográfico, la imposible tarea de la literatura y de todo cuanto pueda escribirse con palabras, su gloria y su fracaso:
"Que no hay fin de componer muchos libros. Esto es porque ya que las materias en general sean escritas, de cada una de las cosas que a las materias principales se allegan, se podría hacer un libro por sí; y no solamente de las circunstancias, mas aun no se dará sentencia ni proposición de libro escrito de la cual no se pueda hacer un libro cumplido ... Porque el ánima del hombre es de tanta capacidad que así como es capaz de gozar de Dios, así es hábil para trascender y subir en el conocimiento a más alto grado de lo que por solos los libros pudo aprender, y no sólo los libros no le impidieron la habilidad de investigar algo por sí, mas ellos le dieron materia y argumento para inventar cosas que ninguno escribió", como dijo el maestro Alejo Venegas.

Y así he venido a veranear en libros que no se contentan con contar una historia, sino muchas y diversas; y que no se contentan con la historia y quien la cuenta, sino que buscan al lector para meterlo en el libro también, y participar así de sus alabanzas o de sus críticas, de sus reservas o de su credulidad, de su ignorancia o de su ciencia, y aplicar todo ello a las historias simples y eternas de amores y engaños que se hubiesen podido contar solas. El autor sabe que, como dijo el Sabio, nada hay nuevo bajo el sol, y menos en historias para contar; pero se niega a aburrir y al aburrimiento, y por ese miedo se niega también a figurar como único responsable de la verdad o de la mentira que cuenta, y se finge personaje entre personajes. Y dialoga con ellos y ante ellos se justifica y justifica su narración. El diálogo se convierte así en inseparable soporte de la narración de historias.
"Seáis, señores, todos bien venidos, que cierto os deseaba, pues aunque nunca estoy menos ocioso que cuando solo, todavía son los coloquios amables mucho, aprendiéndose en ellos más que en los libros más eruditos, puesto que si a éstos preguntáis algo, nada os dicen ni responden, no siendo así con los otros, donde con demandas y respuestas se alcanza lo que se pretende, siendo las palabras como escaleras, que ligando unas con otras se llega a la altura deseada", decía el astuto Cristóbal Suárez de Figueroa ¡en un libro!

Se trata de un diálogo cargado de erudición o de silogismos, destinados una y otros a convencer al lector de la veracidad de lo que se lee, aunque esto sea lo más inaudito y extraordinario, lo más increíble y fabuloso, cosas sorprendentes que jamás se han visto y que causan "admiración, mas no incredulidad, porque otras cosas más admirables han sucedido en el mundo", como dice el personaje de Antonio de Eslava. Porque la historia, decía don Cristóbal, "no ha de ser simple ni desnuda, sino mañosa y vestida de sentencias, documentos y todo lo demás que puede ministrar la prudente filosofía". Figúrense ustedes: Ciencia, Filosofía, Historia, Erudición; la Realidad, en fin, para justificar la ficción, la mentira. Una junta de enviciados devoradores de letras trata de decidir dónde fijar la linde. El lector y su exiguo mundo de certezas sosteniendo los amplios dominios de la impostura y la imaginación. Aquí vanguardias.

Claro que Cervantes lo hizo de otra manera, y lo hizo mucho mejor y más definitivamente. En silencio, sin estridencias ni cascotes, hizo estallar demarcaciones y fronteras. Ya no hay quiénes hablen alrededor; y, cuando alguno se deja caer, no sabe nunca con certeza dónde situarse. La historia se cuenta sola, o la cuenta él, o la cuentan muchos a la vez, contradiciéndose. Son los propios personajes de la historia quienes dudan de sí mismos, de lo que les sucede y del mundo al que pertenecen, si el de la verdad, si el de la mentira. Pero ¿acaso hay verdad y mentira?

Pocos espacios tan abiertos como el Coloquio de los perros. Dice Berganza: "Cipión, hermano, óigote hablar y sé que hablo y no puedo creerlo, por parecerme que el hablar nosotros pasa de los términos de la Naturaleza". Los dos amigos tratan ellos mismos de justificarse con su renqueante erudición, y dijo Cipión:
"Pero sea lo que fuere, nosotros hablamos, sea portento o no; que lo que el cielo tiene ordenado que suceda no hay diligencia ni sabiduría humana que lo pueda prevenir, y así no hay para qué ponernos a disputar nosotros cómo o por qué hablamos; mejor será que este buen día o buena noche la metamos en nuestra casa, y pues la tenemos tan buena en estas esteras y no sabemos cuánto durará nuestra ventura, sepamos aprovecharnos de ella y hablemos toda esta noche, sin dar lugar al sueño que nos impida este gusto, de mí por largos tiempos deseado". 
El coloquio lo compuso el fatuo alférez Campuzano una mañana, en el hospital donde sudaba unas bubas vergonzantes, con los recuerdos de una conversación entreoída a través de la fiebre y de la noche; el hambriento alférez se lo da a leer a su amigo, el licenciado Peralta, a cambio de una comida; lo leemos, con el licenciado, mientras aquél duerme su siesta:
"El acabar el Coloquio el Licenciado y el despertar del Alférez fue todo a un tiempo, y el Licenciado dijo:
--Aunque este coloquio sea fingido y nunca haya pasado, paréceme que está tan bien compuesto que puede el señor Alférez pasar adelante con el segundo.
--Con ese parecer --respondió el Alférez-- me animaré y dispondré a escribirle, sin ponerme en más disputas con vuesa merced si hablaron los perros o no.
A lo que dijo el Licenciado:
--Señor Alférez, no volvamos más a esa disputa. Yo alcanzo el artificio del Coloquio y la invención y basta. Vámonos al espolón a recrear los ojos del cuerpo, pues ya he recreado los del entendimiento.
--Vamos --dijo el Alférez.
Y con esto se fueron"

6 jul. 2014

La ecuación del trabajo en equipo: [respeto + cooperación = eficiencia]

Imagen de Wikipedia
Llevo un mes aprendiendo muchísimo gracias a la conjunción de dos factores: trabajo en grupo (pequeño) y trabajo a distancia.

Creo que, del mismo modo que el aprendizaje a distancia es más duradero y más interiorizado, también el trabajo a distancia en equipo (pequeño) se hace sólido y productivo, con la combinación de momentos de actividad asíncrona (realizada individualmente sobre el trabajo de los otros) y encuentros síncronos, en los que se produce el calor humano, la interacción abierta, el intercambio, la toma de decisiones el reparto de responsabilidades. La tecnología nos lo permite, tenemos esa suerte; sólo unos pocos años atrás, esta combinación era imposible.

He sido muy afortunada con mi grupo, y quizás con otros no hubiera sido lo mismo. Hemos trabajado bien porque nos hemos respetado, hemos partido de la base de que nos necesitábamos porque cada una tenía cosas que aportar; nos ha sido fácil establecer normas, canales de comunicación, plazos (flexibles, porque han sido muy buenas y tolerantes conmigo), hemos compartido las ideas, que no tenían dueño ni derechos de autor; hemos sido optimistas, hemos repartido de vez en cuando un chiste y una sonrisa; nos hemos animado, porque íbamos viendo resultados que nos satisfacían; hemos sabido ceder o persuadir, razonar, convencer, compartir, empujar y tirar. Nos hemos compenetrado muy bien, por encima del huso horario y del hecho de que fuéramos unas desconocidas, al principio, las unas para las otras, y por encima, después, de las diferencias de carácter y personalidad, que se reflejaban en nuestro trabajo; hemos sabido aprovechar esas diferencias como riquezas, y eso ha contribuido a que al final todas nos sintiéramos agradecidas y gratificadas.
Imagen de geralt en pixabay

Me resulta además curioso, porque en octubre pasado hice un curso titulado "Gestión de equipos", en el que en ningún momento trabajamos en equipo. Y, sin embargo, en éste, en cuyo título no aparece por ningún lado ni el término equipo ni el término grupo, es donde más he aprendido y disfrutado de este modo de trabajo.

Con todas estas experiencias y mirando de cerca el test de competencias para el trabajo en equipo que nos recomienda nuestro tutor, hago mis particulares tablas de la ley, (partiendo de la base de que el equipo comparte unos objetivos):

  1. Creer que uno mismo enriquece el grupo y creer que el resto del equipo lo enriquece a uno.
  2. Aportar ideas y hacer propias ideas de otros.
  3. Mediar, si es necesario.
  4. Razonar, convencer, persuadir.
  5. Razonar, ceder, asumir.
  6. Repartir y asumir responsabilidades.
  7. Respetar los plazos.
  8. Ser flexible y respetuoso con las circunstancias personales de cada cual.
  9. Ser optimista y empujar. Ser optimista y tirar.
  10. Sonreír y hacer sonreír.
Y estas diez recomendaciones se cierran en dos:
  • respeto y
  • cooperación
Imagen de OpenClips en Pixabay




¿Soy competente en la gestión de la información?



En una época como ésta, donde la información es ubicua y accesible, es urgente aprender a gestionarla.

Como madre, es lo que le pido a la escuela, aunque la escuela insiste en ignorar que todos los chavales van con un  pozo de san Agustín en el bolsillo, y les sigue preguntando poco menos que la lista de los reyes godos, con los alumnos puestos en fila india, como en la escuela de mi infancia en blanco y negro (según mi hija: -Mami, cuando tú eras pequeña, ¿era todo en blanco y negro?).


Y como ciudadana de este mundo digital, contenta de haber tenido la suerte de que me tocara vivir en él, me planteo de forma recurrente la pregunta acerca de si soy competente, y cuánto, no sólo accediendo a información de calidad, sino, sobre todo, gestionándola.

Una de mis fortalezas es la curiosidad, que me lleva a acceder a mucha información y (creo, porque tengo espíritu crítico) de calidad; pero reconozco que en cuanto a organización tengo todavía que mejorar mucho. Utilizo herramientas tecnológicas para navegar y dominar ese mar de información (marcadores, revistas, tableros, paneles), pero a veces las mismas herramientas que me deberían ayudar, se me multiplican o las desatiendo, y a veces redescubro con sorpresa elementos que había almacenado, clasificado y olvidado. Y en esos momentos me queda claro que no lo estoy haciendo bien del todo.

Porque la información no vale si sólo se almacena, y muchas veces nuestro innato sentido de la propiedad nos ciega frente a las posibilidades de lo que almacenamos: lo descargo, lo tengo, lo clasifico, lo almaceno, es mío, y ya. Me olvido.

La información sólo vale si aporta cambios en mí, en mi contexto inmediato, en mi entorno; sólo vale si añade significado, si trasciende. En el fondo, de eso se trata: de restituir, de agradecer, y no atesorar avaramente lo que el mar se tragará.