19 oct 2008

Realidad y ficción en la clase de ELE

Mi formación y mi devoción por el barroco me llevaron a elegir este título para la tertulia organizada por el Instituto el viernes pasado (calificar el evento como tertulia es más que nada un deseo -quizás otra mentirijilla más-, porque sólo lo logramos relativamente). Se presentaba así:

¿Tiene razón de ser la exigencia de realidad, con frecuencia extrema, que nos hacemos como profesores? ¿Cuáles son sus límites y sus limitaciones? ¿Hay hueco para la ficción y puede ser ella misma también un factor de realidad? En nuestra labor de docentes de español, en los materiales que aportamos o las actividades que programamos e incluso en la lengua que intentamos transmitir, ¿debemos plantearnos ser reales, ser veraces o ser verosímiles? Y aún más allá: los roles y situaciones didácticos, ¿son verdaderos? ¿No debemos concluir que la ficción también existe, que es de verdad real, y que puede ayudar a nuestros objetivos?

La novela moderna, que perseguía un deseo, fue la respuesta de la ficción a la sospecha de encontrar mentiras en la historia y verdades en la poesía, o al revés. Se trataba de suspender la exigencia de verdad mediante un pacto tácito suscrito por un receptor a quien no importaba la verdad de la historia como tal verdad, sino como mentira verdadera. En el mundo de la metodología de la enseñanza de lenguas, la evolución del método comunicativo y su descubrimiento de la "tarea" es también la respuesta verosímil a la intrínseca artificialidad de la enseñanza de lenguas a adultos. En el pacto suscrito por profesor y alumnos, la exigencia de verdad es una exigencia poética: que lo que ocurre en clase parezca verdad, que sea posible. Ahora la tecnología viene a hacer verdad en el mundo virtual ciertas actuaciones que en clase se tenían que limitar sólo a parecerlo, ¿y qué papel le corresponde al profesor en ese mundo? ¿Será capaz de renunciar a su papel sancionador o se lo permitirán sus alumnos? ¿Debe sentirse en la obligación de estar ahí, y con el boli rojo?

Éste es el guión de la tertulia:


12 oct 2008

Elepedia: wikipedia de ELE

A través de una lectura atrasada de APLV-Langues Modernes, me entero del proyecto Elepedia, que "pretende ser un instrumento colaborativo abierto a todos los profesionales del mundo del español". La noticia es del 4 de septiembre, y no sé si es que yo no he estado demasiado atenta o que el proyecto no ha tenido apenas eco (y a fecha de hoy, tampoco una búsqueda en Google arroja muchos resultados más allá de Proele, que son quienes han tenido la idea y han lanzado el proyecto, si no entiendo mal). Copio los primeros párrafos de la noticia de Christian Puren:

Un nuevo proyecto gratuito y abierto a todos los profesionales del español como lengua extranjera: ELEPEDIA, Enciclopedia del Mundo de ELE.
Os queremos anunciar un nuevo proyecto gratuito y abierto a todos los profesionales
del español como lengua extranjera, ELEPEDIA (Enciclopedia del Mundo de ELE), http://www.elepedia.org/.

¿Por qué una enciclopedia de ELE?
El mundo de ELE sigue en continuo avance y cada vez son más los saberes que giran entorno a él. Es algo muy favorable y de lo que todos nos alegramos, pero tiene el inconveniente de hacer que nos perdamos entre tanta información, entre tantas páginas de Internet. En nuestras visitas a blogs, foros, vemos que cada vez hay más preguntas dirigidas a preguntas del "saber" de ELE.

(leer todo)

Por lo demás, nuestros mejores deseos a Elepedia

10 oct 2008

por culpa de las cerillas

ya no sabemos hacer fuego: lo que perdemos o lo que ganamos con Internet.
A mi que no me la quiten.

(Yo sigo leyendo y disfrutando de los libros cuando tengo tiempo y me da la gana. Que tenga tiempo y me dé la gana no es asunto de Internet)

30 sept 2008

Ya nada será igual

Es verdad que no está bien no regar las plantas, no mimar los amores ni las comidas, no imponerse cierta disciplina. Todos los manuales dicen que lo que hago no debe hacerse. Y estoy de acuerdo: mea culpa.

En mi descargo me digo que los cuadernos de bitácora nacieron así: más para aclararse uno que para orientar a nadie, más contra el propio olvido que para alumbrar caminos a otros, más como registro que como propuesta.

Lo que no quiero que se me olvide es el torbellino de ideas (en absoluto originales, es así) que me vino a partir de la inevitable puesta en orden de mis cosas para dar forma al Taller mínimo de Internet para profesores de ELE que me tocó impartir en el Cervantes de Bruselas hace un par de semanas. Pero voy a destacar sólo tres:

Uno- La revolución que estamos vivendo, la más grande de la Historia, me parece a mí. Ya nada será igual a partir de ahora, como ya nada fue igual desde el invento de Guttemberg. Pero ahora más. Si dijera "no podemos quedar al margen" estaría quizás sugiriendo que nuestra voluntad puede algo con esto, como si hiciera un llamamiento para salir persiguiendo al grupo de cabeza: ¡Vamos, no nos quedemos atrás! Y no: cuando digo "no podemos quedar al margen" quiero decir literalmente que no podemos, que no tenemos fuerzas suficientes para quedar al margen, aunque así lo quisiéramos; que nos arrastrará, antes o después. Y lo mejor es prepararse, hacer mentiroso el verso que dice que el maestrillo del librillo desprecia cuanto ignora. Este vídeo me ha emocionado y expresa mucho de lo que quiero decir:




Dos- Que en esta revolución se pierden las fronteras de lo público y lo privado. Porque lo social lo une todo. Que no se trata de pudor frente a exhibición; el exhibicionista se cuela aprovechando la presencia de otros o la circunstancia oportuna, sin que nadie le llame; queda siempre en un segundo plano, gesticulando para llamar la atención de la cámara. Sin embargo, los ciudadanos de la Red no se cuelan en casa de nadie: simplemente han abierto su ventana, y desde ella , con la humildad que da el asumirse, contribuyen a la construcción colectiva; simplemente la caja de resonancia, el voto, es ya una contribución. No existe el plagio como nos lo explicaron; el plagio sólo existe en el oscurantismo romántico del culto al yo.

Tres- Que por eso la frontera entre lo personal y lo profesional es cada vez más difusa. Trabajamos en nuestras aficiones y nos gusta nuestro trabajo. El ocio del estudiante es el estudio, decía el maestro barroco. Así que el reproche a las tecnologías por el tiempo que nos roban es otra de esas ideas que ni son falsas ni dejan de serlo: simplemente ya no tienen sentido, así que tampoco hay que molestarse mucho justificando que se trata de una inversión y que las redacciones que antes te llevabas en papel también te llevaban su tiempo, etc.

Creo que son las tres ideas que alimentaron aquellas seis horas, que resumo aquí:

15 jun 2008

juventud


Haciendo limpieza el otro día en la sala de profes, descubrimos algo que nos enterneció: en un examen de no hace tantos años le pedíamos al alumno (y cito de memoria): "lee el diálogo que has mantenido con el policía y contesta las preguntas".

¡Si éramos así de jóvenes sólo hace un lustro no podemos ser tan viejos ahora! ¡Qué ternura! ¡Qué inocencia! Profesábamos la fe de que había que implicar al alumno como fuera, y si había que hacer de él un personaje de ficción, pues pidiéndole permiso o sin pedírselo, lo hacíamos y punto. Divino tesoro, ya te vas para no volver. Ahora escribir una línea de instrucciones nos cuesta dios y ayuda, porque a nuestra fe no hemos renunciado, pero somos mucho más pellejos.