15 jun. 2008

juventud


Haciendo limpieza el otro día en la sala de profes, descubrimos algo que nos enterneció: en un examen de no hace tantos años le pedíamos al alumno (y cito de memoria): "lee el diálogo que has mantenido con el policía y contesta las preguntas".

¡Si éramos así de jóvenes sólo hace un lustro no podemos ser tan viejos ahora! ¡Qué ternura! ¡Qué inocencia! Profesábamos la fe de que había que implicar al alumno como fuera, y si había que hacer de él un personaje de ficción, pues pidiéndole permiso o sin pedírselo, lo hacíamos y punto. Divino tesoro, ya te vas para no volver. Ahora escribir una línea de instrucciones nos cuesta dios y ayuda, porque a nuestra fe no hemos renunciado, pero somos mucho más pellejos.
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