30 oct. 2007

legislando y gerundiendo, que es andando

A propósito del Gobernador de Brasilia, José Roberto Arruda, que días atrás sacó un decreto prohibiendo (uy, no: que prohibía) el gerundio en la Administración: “queda prohibido el uso del gerundio como disculpa para la falta de eficiencia”. He acudido a Google y he leído la noticia en La gaceta de Tucumán. Me ha interesado también el editorial (hay que ver, qué voluntad de estilo al escribir) de La Nación: Gerundio y eficiencia , y también me ha interesado el artículo del 15 de octubre de Ángel Escobar en El Siglo: Murió el gerundio, ¡viva el gerundio!:

Nunca tuve debilidad por el gerundio. Lo confieso. Eso de estar comiendo, hablando, rezando y varios etcéteras me da la desagradable sensación de una continuidad sin término. Y sabemos que en esta vida todo tiene su término. No es como el participio pasivo que es cortante. Es así y ya está. Se acabó.Acerca de la diferencia de estas dos entidades verbales, nada mejor que la anécdota que relata Incitatus*: Camilo José Cela, escritor español de fuste, siendo senador en la Legislatura Constituyente de España, se quedó cierta tarde “traspuesto” en el escaño. Su vecino, el recién fallecido cura Xirinachs, le espabiló: “¡Don Camilo, que está usted dormido!” Y Cela, genial: “No. Estoy durmiendo. No es lo mismo estar dormido que estar durmiendo, del mismo modo que no es lo mismo estar jodido que estar jodiendo”. Xirinachs se quedó ...

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