21 may. 2008

Me ahogo en realidad

Ayer inauguraron la nueva página de RTVE: http://www.rtve.es/. Dios mío, y creíamos que you tube era un universo inabarcable lleno de material auténtico. Esto sí que es material auténtico, qué baño. Y todo sincrónico y todo presente, real y actual (como en inglés): Historias para no dormir y Chikilicuatre, La bola de cristal y los mileuristas, el telediario de hoy y Mariano Medina. Todo a disposición del profesor de español. De nuevo el vértigo borgiano del teclado y de los espejos. De uno de los demasiados blogs tecn2.0lógicos que lee mi reader, tomé la decisión de descargar mi Doublekiller, asesino en serie (a sueldo mío) de archivos duplicados. Lo probé, y resulta que luego que me localizó los duplicados no me atreví a borrar. ¿Y si le pasáramos el doublekiller a la Red enterita? ¿Cuáles serían sus dimensiones entonces? ¿Tendría sentido la propia Red si no hubiera doubles, ecos, espejos, repetidores, antenas? ¿Descubriríamos felices que nosotros también somos doubles?
Una vez, cuando yo era aprendiz de filóloga, me encontré en una cola de la fotocopiadora del CSIC a un famoso catedrático del que tantos libros habíamos consultado. Me dijo que éramos afortunados los jóvenes, que en sus tiempos no había fotocopiadoras. En la Nacional (otro vértigo) seguía la sala de los ficheros, repletos de fichas escritas con excelente caligrafía de pluma (¡yo escribía con plumilla en la escuela de mi pueblo, y me descubro llamando todavía plumier al estuche de mis hijos!) y manoseadas con respeto durante siglos. Una vez consulté el Dioscórides, Dios mío. La novedad eran las microfichas, que se estaban introduciendo. En mi Universidad me dieron la microficha de mi tesis, prodigio de nuevas tecnologías, no sé por dónde andará. Sólo eran los 80; la bola de cristal no podía imaginar cómo iba a ser la entrada al siglo XXI.
Cuando llegué a Inglaterra, en la primera mitad de esa década, la novedad era la edición internacional en papel biblia de El país, periódico que hoy se llama global. Cuántas clases le debo, y con lo pequeñito que era. Luego, ya más cerca de España, al otro lado del Estrecho, en esta carrera en busca del material auténtico, descubrimos el filón de los suplementos semanales atrasados, que vendían baratos en la medina, y los vídeos VHS, porque llegaba la señal de tv del repetidor de Málaga y el ingenio popular marroquí había inventado sin patentar las parabólicas hechas con cuscuseras de aluminio, que mejoraban la señal. Doy fe.

Qué mayor me estoy haciendo.

A propósito de esto, el otro día hablábamos en la sala de profes si de verdad creíamos que ahora enseñábamos mejor. Y sí: yo creo que sí se hace mejor. Que el éxito en los resultados haya aumentado en la misma proporción, eso ya no lo sé. Yo diría que no, que en la misma proporción no. Pero, por Dios, la Palo, mi profesora de francés, es ya un fósil de las salas de profes (quizás lo era ya la pobre en los 70), aunque es verdad que se puede ser Palo con tecnología e Internet. Que haberlos, haylos.
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